Andar por Barcelona es arriesgado. Caerás.

Gemma Solano 15 abril, 2019

Andar por Barcelona es arriesgado.  Caerás.

Caerás literalmente enamorado de ella. Porque Barcelona tiene poder, un poder de seducción que no se puede sortear, y te darás cuenta cuando vayas descubriéndola mientras paseas por Paseos y Pasajes, andas por Avenidas, calles y callejuelas, rambleas, pedaleas junto al mar o caminas por la playa o por Collserola.

Barcelona tiene una dimensión ideal para hacérsela a pie o en bicicleta, para irla recorriendo sin guías ni google maps. No tiene pérdida, aquí todo el mundo se orienta tomando como referencia su ubicación privilegiada: lado mar o montaña, lado Besós o Llobregat.

Pues así, andando sin rumbo vas a ir tropezando con emblemáticos edificios modernistas y una inmensa variedad y riqueza de estilos arquitectónicos, flechazos que te asaltarán aquí y allá. Si eres curioso te asomarás a los patios interiores del Eixample, si tu mirada tiene la capacidad de hacer zoom observarás preciosos picaportes de antiguas puertas de madera o rosetones que son auténticas filigranas, fíjate bien porque algunos esconden figuras que no se ven a simple vista. Y si decides descansar sin dejar de mirar, elige un banco de las Ramblas, verás la vida pasar.

Además de sus encantos naturales que destacan a simple vista, Barcelona tiene mucho arte para enamorar, del que puedes admirar en museos, teatros y salas de exposiciones y del que te puedes llevar, objetos que a manos de artesanos se convierten en piezas únicas y recuerdos auténticos de la ciudad. También mucho escaparate para literalmente babear, desde grandes firmas a pequeños comercios, tiendas de toda la vida, nuevos concept stores y terrazas a mares para comer, cenar o tapear.

Y si después de todo, para no caer decides mirar al suelo, ojo con la magia de los adoquines que todavía encontrarás en muchas plazas y pasajes, o las famosas baldosas del Paseo de Gracia. Y mirar al cielo tampoco te servirá de mucho. Allí arriba toparás con las torres de la Sagrada Familia o el campanario de Santa María del Mar o la Catedral, las sinuosas curvas de la Pedrera, balcones forjados, glorietas o vidrieras, la Torre Agbar o el Tibidabo. Ríndete. Esta ciudad no tiene remedio. Y si no, a ver en qué otra ciudad hallarás el Carrer dels Petons (la calle de los besos). Un callejón sin salida en el barrio de La Ribera. Sin salida. Ahí lo dejo.

Made in Barcelona, Made to fall in love

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